Posteado por: ningunamujermas | mayo 14, 2010

La ciudad de Buenos Aires y el amparo a los proxentas. Una situación alarmante

Viernes, 14 de mayo de 2010- Fuente Diario Pagina/12

Una mujer que trabaja en la División Trata de la Federal denunció ante un juez que sus jefes cobran coimas a prostíbulos

“Me ofrecieron regentear un prostíbulo”

Nancy Miño Velázquez hacía tareas de inteligencia en la división policial de combate a la trata de mujeres para prostitución. Ayer denunció en la Justicia que los responsables del área recaudan dinero de los responsables de ese delito.

Por Eduardo Videla

“Hice la denuncia cuando se me pidió que plantara menores en un boliche de la avenida Perito Moreno.”

El juez federal Ariel Lijo investiga desde ayer si en la División Trata de Personas de la Policía Federal se cobran coimas a dueños de prostíbulos para permitir que continúen en funcionamiento. La investigación se inició a partir de la denuncia de una mujer que es personal de la Policía Federal, que integró hasta hace poco la división creada especialmente para el combate de la trata de personas y que incluso intervino en algunos procedimientos. La mujer, que es personal administrativo de la fuerza, dice haber realizado “tareas de inteligencia dentro y fuera de prostíbulos” y acusó directamente al titular de esa división, el comisario Jorge Omar Fernández, de recaudar el dinero proveniente de acusados por el delito de trata de mujeres para la prostitución. También denunció un intento por parte de ese oficial de “plantar dos menores en un boliche” de Pompeya, como parte de una interna policial. Desde la Oficina de Comunicación de la Policía Federal desestimaron la denuncia. “Esta mujer está con licencia médica de características psiquiátricas”, dijo el comisario Ricardo Pedace, responsable del área. Sin embargo, fuentes del juzgado federal dijeron a este diario que se trata de “un relato creíble en la medida en que se pueda chequear” y anunciaron que se dará intervención en el caso a la Unidad Fiscal para la trata de personas (Ufase). También dispuso una custodia permanente por parte de efectivos de la Gendarmería para garantizar su seguridad.

La denunciante es Nancy Graciela Miño Velázquez, de 38 años, nacida en Paraguay pero nacionalizada argentina. Miño es hija de un ex integrante de la Federal y su ex esposo es miembro de la fuerza. Tiene un hijo de 13 años que vive con su padre. Ayer, después de declarar durante siete horas ante el juez federal, hizo un relato de su denuncia ante Página/12. Contó que ingresó a la Federal hace dieciocho años y que trabajaba en el Comando Radioeléctrico, en la atención de llamados al 911, hasta que en octubre de 2008 la trasladaron en comisión a la División Trata de Personas. “Dijeron que como sé hablar en guaraní, podía hacer tareas de inteligencia en lugares donde había chicas paraguayas que no hablaban castellano”, relató. “Además, como vendía lencería erótica, tenía contactos con gente que estaba en la prostitución.”
“Me mandaron a hacer inteligencia interna y externa en privados, cabarets o boliches, pero yo tenía que pasarle toda la información sobre los lugares donde había menores a Fernández, en forma personal. Algunos los tengo detallados porque siguen existiendo”, dijo.
Mencionó un caso en el que le encomendaron localizar a una pareja de dominicanos con pedido de captura por la Ley de Trata, identificados como Williams G. G. y Ana Felicia M. de F. Los ubicó, después de infiltrarse entre prostitutas dominicanas, “en el boliche Chicharrón, ubicado en Bartolomé Mitre y Callao”. Pero la pareja nunca fue detenida y “según gente que está en la prostitución, los dejaron escapar a cambio de 50 mil pesos”.
Lo mismo habría ocurrido con un sujeto de apellido Chini quien, “según Fernández, tenía varios puteríos en Lanús y lo tenía que localizar porque tenía que pagar para la continuidad del funcionamiento de los privados”. Miño dice que obtuvo el domicilio del proxeneta y lo pasó a sus superiores, pero supone que “como todavía está en libertad, debe haber habido algún arreglo”. Agregó que en un procedimiento en el Chaco, el propio jefe de la División “dijo que inventó una detenida”. Y en otro allanamiento realizado en una whiskería ubicada sobre la ruta, cerca de Pergamino, “se plantó cocaína que había facilitado el sargento F. S. y un arma limada que había llevado el comisario Fernández”.
También denunció la participación en operativos de un policía retirado, de apellido Lobera, quien habría intervenido en los procedimientos realizados en enero en la ciudad de Mar del Plata, de los que dio cuenta en su momento Página/12. “El no figura en la nómina del personal que viajó, aparece la inspector Carolina Rotundo, pero no fue, estuvo él y puede verse en las fotos”, relató Nancy Miño.
La testigo agregó que en 2009, un oficial de apellido Ojeda Mercado le ofreció “regentear un prostíbulo en la calle Avellaneda”, en el barrio de Flores. Y que una suboficial de apellido González “que trabajaba en la Comisaría 5ª, que era mano derecha del comisario, me dijo que necesitaba gente de confianza para un prostíbulo en la avenida Córdoba”. “El mismo Mercado me dijo que Fernández regenteaba prostíbulos en Ciudadela y Ramos Mejía”, dijo la testigo ante el juez.
–¿Cuándo fue que decidió hacer esta denuncia? –le preguntó este diario.
–Fue cuando se me pidió que plantara menores en un boliche de la avenida Perito Moreno, en Pompeya.
–¿Cómo iban a plantar menores en un boliche?
–Una menor la iba a aportar el sargento S. de la Villa 1.11.14, y yo tenía que conseguir una chica del ambiente de la prostitución. Me lo pidió el comisario Fernández el 12 de febrero de este año. Les iban a dar dos documentos apócrifos, como que eran mayores, porque en los boliches no son giles, no toman menores.
–¿Para qué querían plantar menores?
–Porque después el comisario iba a ordenar que un grupo de rescate bajara al lugar. Quería hacer todo esto porque (el comisario inspector Omar) Cipolla (su superior inmediato) le había llamado la atención, porque un subinspector de Trata había levantado un bolso con dinero que tenía que haber sido levantado por la División Delitos contra la Salud.
–¿Qué hizo usted entonces?
–Fui a hablar con el comisario Cipolla, que es el jefe del Departamento de Delitos contra las Personas, el superior de Fernández. Me tomó los datos, pero no tomó en cuenta lo que dije. Como respuesta, me trasladaron a la calle Azopardo, al sector de documentación, a la vuelta de la División Trata. Por eso, el 21 de abril pedí licencia médica y no volví más, tenía miedo por mi vida.
En fuentes del juzgado federal de Ariel Lijo consideraron que el relato de Miño es creíble, pero difícil de comprobar. “Al trascender la denuncia por la prensa, si hay un pago de dádivas, como se denuncia, simplemente se deja de hacer por un tiempo”, sugirieron desde el juzgado. Además, por lo general, no suele haber pruebas del pago de coimas. Y los testigos, según consta en la causa, son todos integrantes de la División Trata de Personas
La declaración, añadieron fuentes cercanas a la causa, hace alusión a la interna que surgió en la Policía Federal a partir de la creación de la División Trata de Personas. “Esa división comenzó a trabajar en un territorio que era exclusivo de la División Delitos contra la Salud, que era la que controlaba los prostíbulos, en aplicación de la ley de profilaxis”, dijo el abogado Mario Ganora, de la Defensoría del Pueblo. La prostitución y en particular el proxenetismo han sido señalados, históricamente, como una de las fuentes de recaudación de la policía.
Miño se presentó a declarar el martes ante el juez federal Miguel Angel Torres, quien mandó la causa a sorteo. Desde entonces, se alojó en el local de la Fundación La Alameda –una organización dedicada a la lucha contra la trata de personas– para protección de su seguridad personal.
El caso recayó en el juzgado de Ariel Lijo, quien ayer mismo citó a declarar a la testigo. Miño es asistida por los abogados Ganora y Rodolfo Yanzón, de la Fundación Liga Argentina por los Derechos Humanos, ambos colaboradores de La Alameda.

viernes, 14 de mayo de 2010
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No hay condenas en la ciudad

Trata y prostitución

La División Trata de Personas de la Policía Federal fue creada durante la gestión como ministro del Interior de Aníbal Fernández. Al mismo tiempo, se puso en marcha la Oficina de Rescate y Acompañamiento de las Víctimas, que estuvo a cargo de Eva Giberti y que hoy es conducida por Zairda Gatti. Ambas actúan en forma conjunta, ante el pedido de intervención de un juez, pero la investigación siempre está en manos de la división policial.

Con la sanción de la Ley 26.364, contra la Trata de Personas, en 2008, se puso en funcionamiento la Unidad Fiscal para la persecución de ese delito, la Ufase, a cargo del fiscal Marcelo Colombo. “Hasta el momento se han recuperado 275 víctimas”, destacó ayer el comisario Ricardo Pedace, de la División Comunicación de la Policía Federal, aunque no pudo discriminar cuántas de ellas se produjeron en locales de la ciudad de Buenos Aires.
Por lo pronto, de todos los procedimientos realizados en los últimos dos años, sobre un total de diez condenas, ninguna corresponde a la ciudad de Buenos Aires.
El juzgado de Lijo, donde ha quedado radicada la denuncia de Nancy Miño, es el mismo donde recayó el caso en que la Fundación La Alameda alertó sobre una red de whiskerías y prostíbulos que funcionaban con protección policial en los barrios de Constitución y Monserrat, en proximidades del Departamento Central de Policía (ver nota aparte).
Esa causa no prosperó, dicen en el juzgado, porque “no pudo probarse la existencia de trata y las causas se convirtieron, cuanto mucho, en infracciones a la Ley de Profilaxis”.
Desde la División Medios de Comunicación de la Policía Federal desestimaron la denuncia de Nancy Miño al afirmar que “está con licencia médica de características psiquiátricas”. Admitieron, sin embargo, que la mujer no tiene estado policial, ya que es personal del escalafón administrativo, y que en esa condición participaba de operativos de inteligencia en el exterior de los locales, buscando información en el vecindario, así como en la asistencia a las víctimas, colaborando en la traducción al guaraní cuando las mujeres eran de nacionalidad paraguaya. “Las tareas que tenía eran ínfimas, no era un papel relevante o sobresaliento como ella dice”, enfatizó el comisario Pedace. De todas formas, Pedace informó que “Asuntos Internos va a iniciar un sumario para deslindar responsabilidades”.
En la Federal niegan que Miño haya cumplido tareas policiales porque, entre otras cosas, admitirlo implicaría una falta al reglamento del personal de la fuerza. El reclamo por el maltrato laboral es otro de los ejes de la declaración de la testigo. “No tenía armas ni uniforme”, dice la mujer, quien da cuenta en su declaración, con lujo de detalles, de su participación en los procedimientos.
–¿Cómo era su participación en la inteligencia dentro de un prostíbulo? ¿Cuál era su papel? –le preguntó Página/12.
–Tenía que hacer el trabajo que se hace en un prostíbulo –aseguró.

Viernes, 14 de mayo de 2010

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Las denuncias previas sobre amparo policial

Prostíbulos con buena protección

Sólo en la ciudad de Buenos Aires se calcula que existen entre 600 y 800 prostíbulos, repartidos entre barrios tan disímiles como Constitución y Retiro. Lo llamativo es que no son lugares ajenos y distantes para los agentes de la ley, puesto que hay 25 locales alrededor del Departamento Central de Policía, en Montserrat, un hecho que fue comprobado por el relevamiento conjunto entre vecinos, la cooperativa La Alameda, el Movimiento de Trabajadores Excluidos y la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. En agosto de 2008, cinco diputados nacionales pidieron que se investiguen estos lugares y también la supuesta complicidad policial.

Estos prostíbulos céntricos funcionaban sobre la calle Salta al 100 y al 300 y Santiago del Estero al 200 y al 300. Este último fue visitado por Página/12, que pudo comprobar cómo un patrullero, a pocos metros del lugar, permitía su funcionamiento. De hecho, en la denuncia presentada por esas organizaciones, un vecino contaba que los agentes de la Policía Federal entraban a estos locales y salían minutos después “con una o dos botellas de sidra”. Por orden de los jueces Norberto Oyarbide y Jorge Ballesteros, la Gendarmería clausuró los prostíbulos denunciados, aunque se reabrieron un par de semanas después.
El tema fermentó entre los vecinos de Constitución y Montserrat, que en diciembre del año pasado, luego de hacer varios escraches en 2008, decidieron marchar junto a 200 organizaciones desde Callao y Santa Fe hasta la Procuración General de la Nación. Allí entregaron un petitorio para que se cumpla la Ley Nacional de Profilaxis, que prohíbe los prostíbulos en la Argentina. En ese texto también se enumeraban 613 prostíbulos, de los que se dio dirección, teléfono y hasta el nombre del propietario en algunos casos. Por entonces, Gustavo Vera, de La Alameda,y Viviana Caminos, integrante de la Red Alto al Tráfico y a la Trata, señalaron que la protección y complicidad policial es la clave para que cientos de prostíbulos puedan funcionar.
Otros barrios con alto índice de prostíbulos son Liniers, Flores y Once. Aunque también hay lugares en el paquete barrio de Retiro, como se supo en marzo pasado: Miguel Angel Fausto Colombo, que acababa de conseguir un alto cargo en la Policía Metropolitana, estaba procesado en una causa por proteger un prostíbulo en ese barrio, cuando trabajaba en la comisaría 15ª de la Policía Federal, en 1999. Ese caso comenzó a ser investigado por una penosa confusión. Resulta que un hombre –que sufre de deficiencia mental luego de que su padre, que era policía, le disparase accidentalmente en la cabeza– creyó leer en el diario la oferta de una agencia matrimonial, que en realidad era un prostíbulo.
Además de Fausto Colombo, fueron procesados cinco ex comisarios, cuatro subcomisarios y dos oficiales.

Viernes, 14 de mayo de 2010

Responses

  1. es una manera de exclavitud


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